Perdone antes de pedir

No podemos hablar de restauración sin antes decir perdonar. Ahora, muchas personas no pueden perdonar porque han entendido mal el perdón pues esperan el arrepentimiento del cónyuge para liberar el perdón. Quiero que entienda que el acto de perdonar libera al ofensor para el posterior arrepentimiento de este. Por otro lado, la falta de perdón es un gran obstáculo para el poder de la oración. Si usted no deja a un lado la amargura, la ira, el odio, usted se está aferrando a fuerzas muy destructivas y estas fuerzas están en oposición directa al poder de la oración. Mientras usted siga albergando en su corazón ira, resentimiento, odio, Dios no podrá honrar su petición.

Mucha gente tiene un concepto erróneo acerca del perdón, pues creen que el perdón es olvidar. Esto puede acercarse a lo imposible, pues perdonar no es sinónimo de olvidar. El perdón no significa que usted debe dejar de sentirse dolido por lo sucedido antes de empezar a orar por el ofensor y buscar la restauración de la relación. En muchas oportunidades las ofensas causadas nos siguen doliendo y tendremos que seguir adelante con el plan de restauración a pesar del dolor. El perdón no significa que la ofensa nunca ocurrió, si usted cree que debe hacer a un lado las heridas para perdonar sólo está prolongando lo inevitable.

Si usted empuja sus heridas a lo profundo de su ser, simplemente está esperando que ocurra la explosión como en un volcán. El calor intenso y la presión de las ofensas pasadas aumentan esperando ser liberadas hasta que finalmente hacen la erupción, y tenga cuidado con estas erupciones porque son extremadamente dañinas para la familia.

Si usted decide perdonar los sentimientos seguirán a esa decisión y con el tiempo Dios sanará esas heridas que le han causado, nunca al revés.

Es por eso que el perdón es un acto de la voluntad. Muchas veces escuché a personas decir frase como: “esto jamás se lo voy a perdonar”, lo más triste es que no se dan cuenta de que son ellos mismos los que se están dañando al no perdonar y limitando de esa manera el poder sanador de la oración en sus vidas.

El primer peligro es el siguiente: la falta de perdón nos encarcela en nuestro propio pasado, pues lo que la falta del perdón hace es que mantiene la herida abierta, dejándola de ese modo sin curar.

La segunda consecuencia es que la falta de perdón engendra la amargura, lo cual causará que la ira crezca de pronto y pueda volverse incontrolable y es exactamente en este punto cuando muchas personas empiezan a imaginar modos de venganza.

En último lugar, la falta de perdón le abre la puerta a Satanás. La ira y la amargura que no se resuelven por nuestra negativa a perdonar se hacen un cartel de bienvenida para la actividad de nuestro enemigo. Tenga cuidado porque la Biblia nos advierte que el enemigo anda como león rugiente alrededor nuestro buscando a quien devorar, y la falta de perdón te convierte en presa fácil.

Cuando perdonamos de todo corazón cancelamos toda deuda que el ofensor tenga con nosotros y lo liberamos de tener que pagarnos algo.

Alguien dijo que perdonar es dar vuelta la llave, abrir la puerta de la celda y dejar al prisionero libre y darse cuenta que el prisionero era yo.

El perdón genuino siempre nos costará algo, pero el resultado será nuestra propia libertad.

Antes de orar por restauración entonces pídale a Dios que le de Sus ojos para ver al miembro de la familia al cual quiere recuperar como El lo ve. Jesús nos dio el ejemplo en la cruz, perdonando a sus ofensores y orando por ellos mucho antes de que hubiera siquiera indicio de arrepentimiento en sus detractores.

Oración: Señor hoy renuncio a la falta de perdón y perdono a mi cónyuge por todas la ofensas y dolor que me ha causado. Oro para que de mes Tu amor para amarlo y verlo con tus ojos. Te pido me enseñes a perdonar como tu me has perdonado. Gracias porque a pesar de que tantas veces te he fallado tu siempre me has dado una nueva oportunidad.

Por Donald Franz*
Consejero Familiar

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